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Drets i llibertats (Repressió)
 
Repressió mediàtica: Dues mostres (paradigmàtiques) de criminalització de l'Esquerra Independentista
 

El Mundo (6/11/2001)

MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA

Grupos radicales catalanes copian el modelo de HB

Organizaciones como Endavant y el refundado MDT tratan de unificarse bajo el nombre de Unitat Popular para posicionarse ante el pospujolismo

MANEL MANCHON

BARCELONA. Unidad con la prioridad de conseguir un partido político independentista como Herri Batasuna.

Ese es el objetivo de diferentes grupos independentistas catalanes que tratarán de dar una imagen unitaria este 11 de septiembre, con la mirada puesta en el pospujolismo y en la posibilidad de vertebrar la sociedad catalana a imagen y semejanza de los movimientos de kale borroka en el País Vasco.

Son minoritarios, pero han comenzado a trazar una tupida red desde el mundo sindical, universitario, juvenil y político, que se complementa con acciones violentas sectoriales y con la existencia de publicaciones que claman por la ansiada unidad como Poble Insurgent o Lluita.

El objetivo es lograr un Moviment Català d'Alliberament Nacional (MCAN), homólogo al MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) en el País Vasco, con un referente independentista en cada ámbito: Joves Independentistes Revolucionaris (JIR)-Maulets y Bloc d'Estudiants Independentistes (BEI)-Alternativa Estel, a imagen de Jarrai; los sindicatos Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC)-Coordinadora Obrera Sindical (COS), siguiendo al sindicato independentista vasco LAB.

El referente político de estos grupos lo constituiría, por su parte, Unitat Popular, la traducción exacta de Herri Batasuna y que partiría de diversos grupos como Endavant y el Moviment de Defensa de la Terra (MDT) refundado por el histórico dirigente independentista Carles Castellanos.

El referente político también se apoyaría en la Assemblea Municipal de l'Esquerra Independentista (AMEI) y las Candidatures d'Unitat Popular (CUP), que tiene un concejal en el Ayuntamiento de Sabadell, Xavi Oca, que forma parte del grupo municipal de Iniciativa per Catalunya-Verds.

Una de las organizaciones más activas en busca de la unidad de los independentistas radicales es Endavant, Organització Socialista d'Alliberament Nacional (OSAN), un colectivo que surge de la Plataforma per la Unitat d'Acció (PUA), conocida en los últimos años por sus actos callejeros.

En su llamada para la Diada de este año asegura que «la lucha se presenta como el único camino que nos puede llevar a un futuro de libertad», reclamando un proyecto unitario, la Unitat Popular, la Herri Batasuna de Cataluña.

El número de militantes independentistas radicales sigue siendo ínfimo, pero el potencial de un referente político podría partir de los votos que obtiene HB en las elecciones europeas en Cataluña.Así, si en 1989 HB obtenía 15.427 votos, para bajar hasta los 4.481 en 1994, en las últimas europeas, en 1999, 17.609 catalanes se decantaron por Euskal Herritarrok, la marca electoral de HB.

El precedente del PSAN

Endavant, que se presenta como una organización defensora de las clases populares catalanas, pretende canalizar ese proceso independentista hacia la unidad, que tiene sus antecedentes en el Partit Socialista d'Alliberament Nacional (PSAN), una fuerza política de la que salieron muchos cuadros que ahora militan en partidos como Esquerra Republicana. Los precedentes se hallan también en los movimientos que derivaron en Catalunya Lliure y en sus principales dirigentes, los profesores Carles Castellanos y Josep Guía, enfrentados desde la Transición y que defendían proyectos antagónicos.

Así, Endavant señala que la fuerza política denominada como Unitat Popular debería partir de «una alianza estratégica de las fuerzas independentistas rupturistas», entre las que se incluyen los nuevos movimientos sociales contestatarios como organizaciones feministas, obreristas, sindicales y los colectivos de okupas, en los que ETA podría haber hallado apoyo para sus acciones en Cataluña.

Aunque el ex secretario general de Esquerra Republicana, Angel Colom, logró atraer hacia las filas de ERC a muchos independentistas, cerrando la vía violenta que supuso Catalunya Lliure, el movimiento trata de recomponer sus filas, desde la convicción de que ERC sólo aspira desde que Josep Lluís Carod-Rovira dirige el partido a gestionar la herencia autonomista de CiU si la coalición nacionalista pasa a la oposición.

Una de las piezas básicas en el proceso de unidad independentista es el frente obrero, buscando la influencia en el mundo sindical.Así, la máxima del movimiento es «nacionalizar el sindicalismo, sindicalizar el independentismo».

De nuevo surge el modelo del País Vasco, desde la constatación de que la Declaración de Lizarra (Estella) partió de una colaboración entre los sindicatos ELA-LAB, los referentes del PNV y de Herri Batasuna.

Así, en septiembre de 1998 se inicia una aproximación entre la COS, un pequeño sindicato ligado al PSAN, y la Intersindical Alternativa de Catalunya, una confederación con más de 10.000 afiliados y que tiene una amplia representatividad entre la docencia pública (USTEC) y la administración autonómica (CATAC).

La COS surgía en los comunicados de Terra Lliurecomo «organización sindical propia», que acabó ofreciendo apoyo a los presos de la banda terrorista. El objetivo expreso de COS es el de crear un sindicato nacional similar a LAB, que otorgaría un papel especial a Maulets, una organización juvenil cuyos dirigentes fueron encarcelados por colaborar con Terra Lliure y que fueron, en su momento, la rama juvenil del PSAN, un partido que ha acabado en manos de Josep Guía, que junto a Carles Castellanos figura como uno de los dirigentes históricos del independentismo radical.

Así, el enfrentamiento inicial entre estos dos dirigentes ha dado paso a una confluencia con la voluntad de olvidar los personalismos.Guía promovía la idea de frente patriótico, con el objetivo de aproximarse a los sectores más nacionalistas de CiU, mientras que Castellanos proponía la idea que ha acabado imperando, la de unidad popular, en la que el elemento de clase es tan importante como el nacional.

Los independentistas radicales comenzaron su camino hacia la unidad a finales de 1998, que se concretó en Vinaroz en 2000, por lo que se conoce a todos esos esfuerzos por conseguir un único referente político como .


Proceso de Vinaroz

El encuentro se produjo tras varias experiencias clave para el independentismo, la Declaración de Lizarra en septiembre de 1998, y previamente la Declaración de Barcelona, de julio del mismo año.

Así, el diputado de Convergencia, Carles Campuzano, expresaba en la revista Lluita, pocas semanas después de Lizarra, que la exigencia de soberanía política de la sociedad catalana no podía quedar satisfecha con la política pragmática de CiU desde 1980, sino que era necesario «un proceso que no debe depender de la coyuntura, ni de las aritméticas parlamentarias sino que ha de ser también el resultado de complicidades y transversalidades nacionales, lo más amplias posibles».

Campuzano, encuadrado en el sector más nacionalista de CDC, daba por iniciado un proceso «constituyente» que pondría fin al autonomismo que comenzó en 1978. Era la muestra de la euforia que se vivía en algunos sectores de CDC, amparados por la Declaración de Barcelona, firmada entre CDC, UDC, PNV y BNG y promovida por el ex secretario general de Convergencia, Pere Esteve.

Un ex militante independentista, que vivió la mejor época de ERC, cuando Angel Colom logró reflotar el partido con el mensaje independentista, asegura que el actual proceso que impulsa Endavant o el MDT de Carles Castellanos «puede caer de nuevo en el error de pensar que la sociedad catalana tiene similitudes con la vasca».

La convicción, en todo caso, es que el actual proceso de unidad de los independentistas radicales puede afectar el futuro del sistema político catalán. Si hay sectores de CDC interesados en su evolución el pospujolismo podría contar con un nacionalismo catalán que abandonaría su tradicional pragmatismo, una vez que Pujol ya no esté al frente de CiU.

 

La Vanguardia (04/02/2002)

POLÍTICA

Un informe revela que la violencia callejera en Cataluña responde a un proyecto de "liberación nacional" y "revolución social"

La mano que mece la trama

Carles Castro

Barcelona. Hay una mano oculta que instiga la violencia callejera que se viene expresando esporádicamente en Cataluña? ¿Existen colectivos que trabajan de forma consciente para "hacer posible que el oasis catalán se tambalee", como así se reconoce en una publicación de signo radical? La respuesta, por asombroso que parezca, es que sí, a juicio de los autores de un estudio sobre la "unificación del independentismo radical catalán", vinculados a la Asociación Víctimas del Terrorismo.

De hecho, una publicación nacida en abril de 1999 como "foro de debate de la unificación independentista a todos los niveles" -la revista "Poble Insurgent"- anuncia que la violencia política irá "acompañada de una reflexión previa" y será "fruto de una decisión racional". Y ese mismo año, el Partit Socialista d'Alliberament Nacional (PSAN) advierte una vez más que "una nación oprimida tiene el derecho a utilizar todas las formas de lucha para conseguir su liberación".

Las fechas son importantes, según el informe citado, porque coinciden con un incremento de las acciones de la violencia callejera en Cataluña, cuya primera manifestación alarmante se produce el 12 de octubre de 1999 en el barrio barcelonés de Sants. Ahora bien, las coincidencias de calendario van aún más allá, ya que ese incremento de la violencia se produce en paralelo a un proceso de unificación del independentismo extraparlamentario, que hasta 1998 permanecía dividido en torno a dos estrategias irreconciliables: la del "front patriòtic" y la de "unitat popular".

La primera (impulsada por el PSAN oficial) propone una alianza con las fuerzas nacionalistas "burguesas" -que incluya a los sectores soberanistas de CiU- para conseguir la independencia. Por el contrario, la segunda (vinculada al PSAN provisional) quiere convertir la independencia en un proceso simultáneo de revolución social mediante de una estrategia de lucha de clases y de movilización de masas. Esa estrategia supone, además, alianzas con la extrema izquierda residual.Por supuesto, se trata de estrategias sobre el papel, pero que han sostenido una dura pugna que finalmente, y según el informe al que ha tenido acceso este diario, se ha resuelto en favor de la segunda: la estrategia de "unitat popular". Es decir, la sustitución de la "independencia en abstracto" por un proyecto de liberación nacional que prefigure "un nuevo modelo de sociedad" dirigida "al conjunto de las clases populares catalanas".

¿Cuáles son las implicaciones de ese desenlace? La primera es muy elocuente: ha resultado ganador el sector independentista que ha mantenido siempre "relaciones más directas con ETA". La segunda implicación consiste en que se otorga un "decisivo papel a las reivindicaciones sociales, laborales y juveniles" y se "pone en primer plano el trabajo con las centrales sindicales afines, sindicatos de estudiantes y organizaciones sociales", ya que el movimiento -que admite su carácter "marginal"- no reúne más que a unos pocos centenares de personas.

Esta estrategia explicaría la unificación de las distintas formaciones que trabajan en un mismo ámbito, así como la confluencia de organizaciones sociales que se proclaman plurales -como Ustec, "con más de 10.000 afiliados y amplia representación en la docencia pública y la Administración autonómica"- con otras instancias sindicales, cuyo objetivo último sería crear un sindicato independentista semejante a LAB, la central ligada a Batasuna.

Finalmente, el reagrupamiento del independentismo en torno a una estrategia de "unitat popular", vinculada a "'los intereses y las luchas populares', explicaría los criterios en la selección de los objetivos de los terroristas catalanes, que concuerdan conceptualmente con el desarrollo (y la estrategia) del sindicalismo radical : ETT, bancos, cajas de ahorro", etcétera. Eso sí, según el informe mencionado, la violencia que se expresa últimamente en Cataluña "no procede tanto del nacionalismo sino de cierta extrema izquierda" que ha confluido con el independentismo radical, lo que explicaría el papel de "grupos marginales, como el colectivo okupa".

En suma, el terrorismo de baja intensidad que se expresa en Cataluña -aunque menos desde el 11-S- formaría parte de un delirante proyecto de construcción de un "contrapoder popular" (político, sindical y militar) orientado a crear el "embrión de un nuevo Estado catalán revolucionario".

LAS TÁCTICAS

Sindicalismo independentista

De todas las organizaciones ligadas a la unificación del independentismo radical, la IAC (que agrupa a Ustec, Catac y Cau, y tiene relación con LAB) es la más importante. Según el informe, la táctica sindical de "unitat popular" pasa por la "opacidad informativa", pues "los afiliados a esas organizaciones, algunos de ellos amenazados por grupos radicales, ignoran que forman parte de un proyecto independentista". El sindicato de Terra Lliure (COS) se integró recientemente en la IAC.




   
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